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Borrón y cuenta nueva

¿Sábes qué es lo más penoso de trabajar como autónomo?

Bueno, la segunda más penosa.

La más penosa, sin duda, es dedicar un día cada trimestre a recopilar toda la información para Hacienda para acabar pagando un pastón.

Tal cual.

Pero la segunda es la organización del tiempo.

Al menos para mí, que me he pasado buena parte de mi vida profesional en el entorno corporativo.

En una empresa el tiempo es fácil de organizar. Básicamente te lo dan organizado.

Entras a trabajar a las nueve. Sales a partir de las seis. Tienes una hora para comer. Diez minutos para ir al baño.

Y en todo este tiempo aquí tienes, sobre la mesa o en tu bandeja de entrada todo esto que tienes que ir haciendo.

La prioridad es sencilla también: a mediodía esto tiene que estar hecho, antes de irte también esto otro y para finales de semana todas estas otras cosas.

Mañana, si eso, ya te reasignaremos las prioridades, según lo que salga.

Así que sí. Es muy fácil.

Pero cuando trabajas por tu cuenta eres tú que te tienes que organizar lo que haces y cuando lo haces. Entonces la cosa cambia.

Puedes dedicar años improductivos de tu vida a estudiar libros de productividad.

Se nota que no soy el único con este problema.

En amazon.es ahora hay 60.000 resultados para libros de «productividad».

Supongo que, al menos 60.000 personas han encontrado tan frustrante la experiencia de sentirse improductivos que se han inventado 60.000 sistemas para al menos sentirse algo más productivos haciendo algo, cualquier cosa, como escribir un libro.

Y supongo que al menos 60.000 personas más habrán comprado alguno de estos libros. Sería muy triste si nadie comprase un libro que tanto trabajo ha llevado escribir.

Todos estos libros te darán recetas para organizarte el día.

  • Levántate temprano.
  • Mira el correo solo 2 veces al día.
  • Prioriza lo importante primero.
  • Pon el teléfono en modo avión.
  • Agrupa tareas similares en bloques.
  • Cada par de horas vete a dar una vuelta a la calle.

Normalmente te dirán que tomes nota de todo lo que tienes por hacer. En algún sitio. Fuera de tu cabeza.

Que tu cabeza no está para eso.

Puede ser en tu agenda en papel, en un post-it pegado a la pantalla, en tu calendario digital, en tu flamante nueva aplicación de tareas.

Luego separa lo que es más importante de lo que no lo es.

Subrayando, pintando simbolitos, asignando prioridades, ordenando en carpetas y subcarpetas, con emoticonos.


Por cierto...

Si te interesan estas cosas que cuento.

Si, además de curiosidad intelectual, tienes un proyecto interesante que, quizá, no avanza como crees que debería hacerlo.

Entonces estos artículos que escribo te pueden ser de utilidad. Darte ideas. Hacerte reflexionar. Descubrir nuevas estrategias.

Si quieres enterarte rápidamente de cuando publico algo nuevo, sin depender de que a las IAs de facebook, instagram, linkedin y demás decidan por tí lo que es relevante y lo que no.

Entonces te sugiero que te apuntes a esta lista de correo.

Así, cada vez que publique algo nuevo lo tendrás puntualmente en tu buzón de correo electrónico.

Es gratuita, es segura, te puedes dar de baja cuando quieras, bla, bla, bla. Vamos una lista de correo.

En fín... sigamos con la historia.


Da igual.


Y, sea cual sea el sistema que uses llegarás al cabo de una semana vas a tener tantas cosas de baja importancia que se te planteará un dilema.

«Si pongo este nuevo artículo que me gustaría leer en mi lista de baja prioridad lo cierto es que nunca más la voy a volver a encontrar.»

«Se perderá en la infinidad del inmenso océano inagotable de las tareas de baja prioridad.»

«Así que le asignaré prioridad media y así lo podré encontrar pronto.»

Y al cabo de otra semana llegarás al siguiente dilema.

«Tengo tantas tareas de prioridad media que si apunto ahí el descalcificar la cafetera nunca la voy a volver a ver.»

«Y me voy a cargar la cafetera.»

«Así que la marcaré como prioridad alta. Para que seguro que no se me olvide.»


Y al cabo de otra semana…

Seguro que ya pillas la idea.

Así que cuando el sistema está totalmente saturado empiezas a apuntar las cosas que tienes que hacer en el dorso de tu mano con rotulador permanente. Así seguro que no se te olvida.

Y ya no vuelves a mirar tu fantástico sistema de productividad.

Porque te deprime.

Bueno… a mí me deprime. A tí no se.


Frente a esto sólo hay una solución.

Se llama «borrón y cuenta nueva».

La versión analógica es comprar una nueva agenda y guardar la antigua. Si eso te hace sentir muy mal siempre puedes dejar la antigua sobre la mesa. Como pisapapeles de algo.

La versión digital es empezar a usar una nueva herramienta digital.

No es que la nueva herramienta sea mejor que la antigua.

Es que está limpia.

Y eso da tranquilidad de espíritu.

Y por unas semanas volverás a ser productivo.

Seguro que entre los 60.000 libros hay alguno que explica un buen sistema para evitar que tu sistema de productividad te sature.

Me apuntaré en mi lista leerlos para encontrar la solución.