Escucha la cultura de tu empresa

El vasito de plástico cae en su soporte. Lo sigue el equivalente a una cucharada de azucar. Luego un líquido oscuro. Y finalmente un palito de plástico.

Visto hoy en día esto es mucho plástico.

El café no está tan mal. Sólo hay que soplar un poco.

Pienso que probablemente será el primero de bastantes cientos de cafés en esta misma máquina.

Es casi un hito. Es la primera vez que tomo café en mi primer trabajo oficial.

Mientras tanto Ramón, el jefe del departamento de desarrollo me pone al día sobre lo que debo saber sobre mi primera empresa en la que acabo de entrar a trabajar tras finalizar mi carrera de Informática.

«Y, cuando aparezca el Gran Jefe del Departamento, recuerda que siempre, siempre, siempre tienes que responder ‘Todo bien’. Da igual lo que pregunte. Siempre ‘Todo bien’.»

Tomo nota mentalmente y durante las siguientes semanas cuando, muy de tanto en tanto, pasa el Jefe del Departamento (así en mayúsculas), si me pregunta «¿Qué tal va todo?» yo siempre le contesto «Todo bien».

Tampoco tengo que mentir ni ocultar nada.

Realmente va todo bien.

Aprendo y pongo en práctica lo que aprendo.

¡Genial!

Así que pasan unos días y unas semanas y se repite el ritual

«¿Qué tal va todo?»

«Todo bien»

Hasta que, un cierto día, el jefe aparece cerca de las 11 de la mañana (sus horarios son muy extraños, pero claro, es el Jefe) y yo estoy concentrado intentando reprocesar unos informes nocturnos que han fallado.

Así que el jefe pregunta

«¿Qué tal todo?»

Y yo contesto

«Buff, aún intentando arreglar esto que ha fallado durante esta noche»

Tal como lo digo me doy cuenta de que he cometido un error.

He dicho «fallado».

Inmediatamente veo que se giran todos mis compañeros hacia mí con los ojos bien abiertos.

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Anticípate a ellos y actúa para que tus proyectos sigan adelante.

Y luego su vista vuelve a centrarse en sus monitores.

Pero ya es demasiado tarde.

«¿Cómo que «fallado»? ¿Qué ha pasado? ¡Ven a mi despacho!»

Así que voy a su despacho y le explico lo que ha sucedido, que no es tan grave y que ya lo estámos resolviendo pero que los informes se toman su tiempo.

Sin saberlo como coge el teléfono y llama al responsable de mi equipo. Que viene al momento.

«¿Cómo ha pasado esto?»

«Bueno… uno de los procesos se ha quedado sin espacio en el disco y se ha interrumpido»

Y coge otra vez el teléfono y llama al responsable del área de Sistemas

¿Cómo nos hemos quedado sin espacio en el disco?»

«Bueno… Han coincidido los procesos mensuales y este mes había bastantes cambios así que …»

La verdad es que tenía poco sentido. Era un problema puntual, estaba controlado y en vías de solución. Los usuarios también estaban informados. Ya lo habíamos hablado entre los implicados y sólo era cuestión de tiempo tenerlo resuelto.

Cuando después de 50 minutos conseguimos salir de la sala de interrogatorios, digo del despacho del Jefe, los procesos ya han finalizado. Sólo me queda informar a los usuarios de que ya pueden acceder a sus informes.

Y luego podré tomarme una tila en la fabulosa máquina.

La lección: Diga lo que diga el Jefe «Todo bien»

No digo que esta lección valga para todas las empresas. En otras empresas puede ser un muy mal consejo.

La lección de verdad: Escucha la cultura de tu empresa

Cada persona juega su papel. Hay gente que está para resolver problemas. Hay gente que está para hacer de Jefe. Los buenos jefes ayudan a evitar problemas futuros. Los buenos compañeros saben encontrar la forma de evitar los problemas que generan los Jefes no tan buenos.

Cuando eres nuevo en una empresa observa y escucha. Da igual si eres jefe, empleado o consultor que pasa por allí. Rápidamente entenderás el papel que juega cada uno y cuales son las personas en las que puedes apoyarte y cuales las que tienes que tratar de forma que generen los menos problemas posibles.

Especialmente si tu misión es cambiar las cosas, llámalo mejorar la productividad, introducir nuevas herramientas, innovar, … tienes que entender a las personas, sus razones y sus relaciones.

Da igual lo bueno que sea el cambio, la herramienta, la innovación. Si no entiendes a las personas, sus razones y sus relaciones tienes muchas probabilidades de que el cambio fracase.

Tampoco significa que debas negociarlo todo y contentar a todo el mundo. Pero un cambio mal planteado puede encontrarse con muchos enemigos.


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