Pues, mira por donde, encontré mi voz

No.

No es que me hubiera quedado afónico.


Recientemente escribía un artículo donde comentaba el porqué me parece una buena estrategia escribir en mi blog a diario.

Y además indicaba por qué no es conveniente escribir artículos de excesivo valor.

Pero lo que no explicaba en ese artículo es ¿y entonces que escribo?

Vale, no puedo escribir tesis doctorales.

Vale, tengo que escribir cosas que interesen a mi audiencia.

Vale, tengo que escribir cosas que les apetezca leer.

Para que se acuerden de mí.


¿Y entonces, qué escribo?

Y en ese dilema estaba cuando creo que por fin encontré mi voz.

Ya sé que eso de encontrar mi voz parece algo… digamos místico.

Con música de coros celestiales y sobre una imagen de fondo de cielos que se están abriendo.

En realidad a menudo he escuchado ese concepto y siempre me ha dado la sensación de ser un tanto vendehúmos.


¿Qué es encontrar tu voz?

Si, tu voz es aquello que te hace único, te hace especial.

Pero yo lo que quiero es dar una imagen profesional.

No voy a estar aquí contando lo mismo que a cuento en una conversación de sobremesa con la familia y los amigos.

Entonces, ¿cómo se come?


En realidad ha sido bastante más sencillo.

Se trata de explicar las cosas que me van pasando en el día a día.

Y explicarlas como realmente las contaría a mi familia o a mis amigos.

E intentar ligarlas (un poquitín) con temas profesionales.

Aunque no siempre lo parezca es posible encontrar alguna lección o moraleja de lo que nos pasa que podemos aplicar a los negocios.

Así que sí, he tenido una reunión con alguien y me ha pasado algo interesante.

Entonces, puedo escribir eso.

Quizás mencionar a esa persona decir que es la reflexión que he sacado.

Y con eso, escribir algo.


Eso tiene unas cuantas ventajas.

¿La primera?

Solo tengo que pensar en mi propia vida. Lo que me pasó ayer.

No tengo que hacer estudios de mercado de lo que va a interesar a mis clientes potenciales.

No tengo que hacer una investigación para una tesis doctoral.

No tengo que escribir un documento sofisticado.

Eso es una gran ventaja.


Por otra parte, lo cuento como si lo contase un amigo o conocido.


Por cierto...

Si te interesan estas cosas que cuento.

Si, además de curiosidad intelectual, tienes un proyecto interesante que, quizá, no avanza como crees que debería hacerlo.

Entonces estos artículos que escribo te pueden ser de utilidad. Darte ideas. Hacerte reflexionar. Descubrir nuevas estrategias.

Si quieres enterarte rápidamente de cuando publico algo nuevo, sin depender de que a las IAs de facebook, instagram, linkedin y demás decidan por tí lo que es relevante y lo que no.

Entonces te sugiero que te apuntes a esta lista de correo.

Así, cada vez que publique algo nuevo lo tendrás puntualmente en tu buzón de correo electrónico.

Es gratuita, es segura, te puedes dar de baja cuando quieras, bla, bla, bla. Vamos una lista de correo.

En fín... sigamos con la historia.


Quizá oculte algún detalle por confidencialidad.

O para que no se mosquee conmigo (según lo que sea que cuente).

Que no me quiero quedar sin amigos.

Por lo tanto, es muy fácil de contar.

Como si fueran mis propias palabras (que lo son). Como si lo estuviera hablando con alguien.

De hecho, lo que hago ahora mismo es dictar lo que estoy pensando a una grabadora.

Que lo va transcribiendo.

Luego lo pasaré al ordenador, lo pondré un poco bonito y tendré otro artículo que publicar.


Y eso me lleva otra vez al concepto de encontrar mi voz.

Porque si realmente esto es lo que me pasa y así es como lo contaría.

Y eso me resuelve grandes problemas que requiere el escribir con mucha frecuencia

Que son el tener que dedicar mucho tiempo a la preparación y mucho tiempo a la escritura.


También me permite hablar en un tono muy informal.

Eso quizá no dé la imagen tan profesional como, a priori, quisiera dar.

Pero (creo que) da una imagen de persona real y cercana.

Lo que cuento son mis vivencias.

Con eso consigo otro de los objetivos: que el artículo sea fácil de leer.

Queda en un tono, creo entretenido. Ya me dirás, querido lector.


Y ojalá llegue un punto que puedas esperar ese mensaje en tu correo cada día.

Porque sabes que no te llevará más de un par de minutos leerlo.

Y quizá te provoque alguna sonrisa.

Quizá te provoque alguna reflexión.

Quizá incluso algo que puedas aplicar y mejore en algo tu vida o tu negocio.


Y, egoístamente, puede que te acuerdes de mí cuando te encuentres en alguna situación donde yo pueda ayudarte.

El pesado ese que escribe a diario creo que hace unos meses habló de algo parecido a lo que me pasa ahora.

Porque, subliminalmente, al contar mi vida estoy contando lo que hago, quién recurre a mí, para que tipos de problemas.

Así que puede que un día te sientas identificado.


Yo siempre me he considerado un mal vendedor.

Me parece muy forzado intentar meter un discurso comercial en una conversación.

Incluso de mal gusto.

Pero, sin embargo, me siento muy natural explicando lo que hago en mi día a día.

Si eso tiene alguna consecuencia práctica a nivel de negocios pues el tiempo lo dirá.

Ahora viene la parte en la que hay que darle un pequeño giro a la conversación para intentar provocarte una reflexión basándose en lo que acabas de leer.

Algo así como…

¿Te parece una técnica aplicable en tu caso? ¿Cómo te vendes? ¿Puedes usar tu día a día para explicar, con ejemplos prácticos, reales, creíbles, lo bueno que eres en lo que sea que hagas?

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